Lady Di debió emborracharse

Lady Di

Ya solo faltaba el “monarquista” Dickie Arbiter, secretario de prensa de la reina y de los príncipes de Gales de 1988 a 2000, para contar su versión de lo que todos conocen: la ruptura matrimonial de Carlos y Diana anunciada en diciembre de 1992 por el entonces primer ministro británico, John Major, al Parlamento. Dickie publica su libro ‘On Duty with the Queen’ (Al servicio de la reina) el próximo día 2 de octubre, pero ya ha empezado a adelantar su contenido a ‘Daily Mail’.

El secretario real, a Lady Di:

‘Ya que lo has soltado todo, vete y emborráchate’

En la publicación citada cuenta que Diana, aterrada, le llamó por teléfono cuando el dominical ‘The Sunday Times’ empezó a adelantar el libro ‘Diana: Su verdadera historia’, de Andrew Morton, para el cual ella había colaborado a través de otra persona contando que Carlos tenía una amante, Camilla Parker Bowles, y cometía adulterio. Y ella también se había buscado la vida en el plano sentimental fuera del matrimonio, después que su marido la había rechazado, por “esa mujer”, como califica Diana a Camilla en el libro de Morton.

“¿Qué hago, ahora?”, insistió la princesa, tomada por el pánico, al secretario de prensa, ambos con el dominical en sus manos con el adelanto del libro. “Ya que lo has soltado todo, vete y emborráchate”, le contestó Dickie Arbiter a Diana en un momento en el que se fue de la lengua porque esta no es la forma con la que él trataba a la princesa Diana.

La crisis en Sevilla

El exabrupto de Dickie a Diana se produjo al poco tiempo de que los príncipes hubiesen regresado de su viaje a Sevilla a inaugurar el pabellón británico de la Exposición Universal de 1992. El año que la reina calificó como ‘annus horribilis’ en un discurso a la ‘city’ de Londres antes de Navidad.

El 1992 no fue, precisamente, un año glorioso en el largo y todavía fructífero reinado de Isabel II. Además del anuncio de la separación de Carlos y Diana, tras casi dos años de especulaciones y morbosos escándalos por ambas partes, se produjo también la separación matrimonial de los duques de York y de la princesa Ana.

Y en octubre de aquel año, un incendió devoró una parte histórica del castillo de Windsor como una metáfora de la hoguera de las vanidades. Con razón, la inmutable Isabel II comentó: “Cuando mire hacia atrás los años de mi reinado, éste que estamos a punto de acabar no me producirá gratos recuerdos, será más bien un annus horribilis”.

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